Como en cada partido o cada vez que leemos la prensa o vemos el telediario, en el fútbol profesional se ejerce mucha presión: el entrenador sobre los jugadores, el jugador suplente sobre el entrenador a través de la prensa, el portero suplente sobre el titular, el portero titular sobre los suplentes y el director deportivo sobre todos. Y nos olvidamos de lo más importante, de cuando se presionan a sí mismos para ser mejores o los mejores, para agradar a los aficionados, para ser los protagonistas o por pura competición individual olvidándose muchas veces que se trata de un deporte de equipo.

diego lopez

El portero, ese chico que desde pequeño vive los partidos en soledad aunque se trate de un trabajo colectivo. Está solo por lo específica que es su tarea y la distancia que lo separa de sus compañeros en el campo, además de que la propia equipación ya lo hace ser distinto al resto.

Suele estar solo en el éxito y en el fracaso, cuando su equipo mete un gol lo celebra en soledad, mientras que cuando el equipo encaja un gol lo sufre de una manera especial, también en soledad, luchando solo con su único enemigo, el balón.

El trabajo del portero exige una concentración máxima durante todo el encuentro. Es imprescindible estar conectado a la acción en estado de vigilancia o alerta, tanto cuando no participa como cuando interviene. No es una tarea fácil, es algo que se debe entrenar todos los días, no desconectando en ningún momento durante los entrenamientos diarios. De vital importancia, es el trabajo del psicólogo para poder dominar esta tarea, para saber evaluar nuestro estado emocional, y para saber si tenemos poca o demasiada activación nerviosa, muchas veces eso marca la diferencia.

El error del portero es muy manifiesto y puede tener una gran trascendencia sobre el resultado. El error del resto de jugadores pasa mucho más desapercibido y no es tan determinante sobre el resultado del partido. Desde una lógica emocional el portero está pendiente de no cometer errores, lo que le hace estar mucho más inseguro, siendo muy importante para éste, tener esa sensación de seguridad con las distancias y con los ángulos que le separan de la portería.

 El portero puede aprender a convivir con el riesgo del error, como algo inherente a su trabajo, de forma que no le afecte a su rendimiento. Es difícil pasar desapercibido porque todas las acciones cobran notoriedad, tanto para lo bueno como para lo malo. Hay que entender que el error forma parte del juego y que es imposible no fallar nunca. La diferencia está en si se sabe manejar la situación después de un error o si es la situación la que le maneja. Si consigue inmediatamente focalizar de nuevo la atención sobre el juego o si se va del partido y ya no se consigue volver a él.

El fútbol es gol, solo se gana si se marca más que el contrario  y los porteros tienen ese destino, son los encargados de negar lo más sagrado de este deporte. Son necesarios  para que la historia se cumpla, pero no son precisamente alabados por su protagonismo.

LORENA COS
Zaragoza
Psicóloga Deportiva
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