Está claro, hoy en día que las formas de jugar y los juegos han cambiado, se ha decidido sustituir los videojuegos y aparatos electrónicos por la calle, el campo, los terraplenes como superficie de juego, las piedras, bancos y árboles como porterías, los amigos y las paredes como compañeros de equipo y las pelotas, balones, piedras y latas como balón.

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Esto nos lleva hoy en día a preguntarnos muchas cosas, a observar y ver cosas que antes no sucedía y sobre todo a analizar como está afectando esto en la educación y los hábitos de vida de los niños.

La pérdida del fútbol de plazoleta tiene dos perjuicios muy claros:

  • Por un lado, está variando la forma en la que se educan los niños: mayor % de sedentarismo, menos domino de las habilidades motrices por lo tanto menos aprendizaje motriz, menor interactuación con chicos y chicas de su edad y por lo tanto disminución de la capacidad de comunicación. Procesos que conllevan a un menor desarrollo física, cognitivo y social.
  •  En segundo lugar, hay que empezar a plantearse la influencia de la pérdida del fútbol en la calle sobre el fútbol base: encontramos aquí niños con menor domino de habilidades técnicas, con menos capacidad para resolver problemas del juego y menor “calidad” futbolística. Pero no solo termina aquí, podemos observar que hay otras capacidades psicológicas que también se están perdiendo, como por ejemplo disminución de la atención, menor capacidad de compromiso, disminución del grado de responsabilidad y autosuficiencia, menor iniciativa etc.

Para finalizar, desde este artículo queremos lanzar una pregunta que puede afectar a nuestro fútbol. ¿Es posible que la disminución de cantidad de horas que juegan los niños en la calle afecte en el futuro a nuestro fútbol? Y no solo a nuestro fútbol, ¿sino al fútbol mundial?

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