A día de hoy, hemos asumido que todo aprendizaje o formación debe dividirse en distintas etapas que correspondan a las edades en cuestión. Sin embargo, en el fútbol, el deporte rey existen una infinidad de vacíos tremendos, y entre ellos establecer una formación adecuada.

No resulta extraño ver cada fin de semana en los pequeños practicantes del balompié recibir infinidad de consignas, premisas y ordenes a ejecutar inadecuadas para la edad en la que se encuentran. Tampoco es raro ver a entrenadores elaborar una serie de entrenamientos realmente laboriosos, casi artísticos pero alejados de lo que les per toca a sus aprendices. Y menos raro es ver copiar entrenamientos de la élite (profesionales) que se ven trasladados a los pequeños. ¿A caso cogeríamos y llevaríamos a los jóvenes estudiantes directamente a la Universidad? ¿Nos saltamos las etapas de su formación, y a ver qué pasa?

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Pues bien, el fútbol es lo mismo. Me cansa escuchar día sí y día también en etapas de pre-benjamines o benjamines (lógicamente hay distintos niveles) premisas de “pero pásala ostias” “dale amplitud al compañero” “fíjalo”. Que los estudios demuestran que se encuentran en un momento egocéntrico de su formación no nos lo va a discutir nadie, y menos, que suficiente tienen los pobres chicos con reconocerse a sí mismos como para conocer el entorno (espacio) y compañeros a un nivel excepcional. Por favor, no pidamos milagros, que regateen lo máximo posible ¿qué problema hay? !Que se pierda la pelota! pues ya la recuperaremos ¿no? al final resultará que el egocéntrico es el entrenador, que a menudo piensa sólo en él mismo, en ganar y no formar. Luego queremos jugadores que regateen, pero cuando lo hacen en edades tempranas, nos cabreamos y les gritamos. Pero lo peor es que los trasladamos al miedo, y el precursor de la idea y los que podían seguirle, tal vez ya no lo vuelvan a intentar: adiós a la “gambeta”, una verdadera lástima. Viva la calle, el regatear y intentarlo una y otra vez.

Si se trata de una etapa egocéntrica, si además se trata de nutrir al jugador con una enseñanza o formación lógica, antes de saber jugar con el compañero ¿el jugador no tendrá que saber jugar consigo mismo?

Como ya he dicho hay que saber diferenciar que dentro de los mismos grupos hay distintos niveles a nivel cognitivo o coordinativo. Es pues importantísimo, que el entrenador sea consciente que el chico a nivel técnico tiene que dominar el balón, los distintos golpeos, los controles, la conducción, los distintos regates o la interceptación o el pase por ejemplo (QUE PRIMERO MEJORE EL JUGADOR). A nivel táctico, no hay que darles un manual -como sí hacen muchos-. A nivel táctico defensivo o ofensivo no hay que “bombardearlos” con excesiva información, además posiblemente no entiendan la mitad de las cosas, las coberturas, como marcar, los desmarques. Trabajar la coordinación, la orientación espacial y temporal (entender que es un espacio), el equilibrio y más adelante la lateralidad se presenta como algo fundamental. Para ello, es de vital importancia un objetivo que sólo está en manos del entrenador: que el jugador mejore dejando las victorias en un 2º lugar -no la competitividad-.

Debe quedar claro, que un entrenador en la base, no es ni un Mourinho, ni un Guardiola, es un maestro del fútbol en una etapa bien distinta y no por ello es peor, es esencial en el camino de nuestros neófitos del fútbol. Tenemos que saber diferenciar esto, desde ya.

Miguel Soto López – @MiguelSoto_

 

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