El fútbol tiene dos partes, dos etapas, desde mi perspectiva personal he tenido mi etapa de futbolista y todo el mundo la tiene, seas bueno o menos bueno eres el actor principal. Cuando eres jugador estás actuando permanentemente en el campo; haciendo, jugando. De lo que se trata muchas veces es de no pensar, porque cuando se juega, se hace de una manera “mecánicamente libre” que no te da tiempo a pensar en lo predeterminado por tu técnico; visto en la tarea de un entrenamiento, unos esquemas o unas reglas. Según va pasando esa etapa de futbolista, comienzas a preguntarte el porqué de las cosas. Pasa con la madurez de la persona tanto en el fútbol como en la vida real y pura. El entrenador observa, propone y corrige. El futbolista “inter-actúa”; entre sus compañeros, entre el entrenador y entre sí mismo.

En el fútbol las decisiones deben tomarse antes que el rival, se debe pensar en milésimas de segundo. “En el atletismo es mejor quien corre más rápido, en el fútbol es mejor quien piensa antes” citó Menotti.

La actuación de un jugador está influenciada por su entorno, ya que este da sentido a lo que se pretende, a lo que la cabeza del jugador piensa para decidir previa y conscientemente lo que va a hacer. El entorno (situación posicional, física, psicológica y temporal) define al jugador, y el jugador define al entorno. Es la situación jugada: única e irrepetible.

Mi pregunta es: ¿Por qué nos empeñamos los entrenadores en crear modelos de actuación, cuando todo lo que se entrena pasa a ser aleatorio en un partido? Constantemente en los variados entrenos futbolísticos, se puede observar cómo se exponen diferentes tareas a los jugadores, con un resultado final de la misma ya conocido previo a la realización. Son tareas en las que los movimientos son predeterminados por los patrones de actuación según la idea de un entrenador, consiguiendo que sus jugadores sean meros robots (hablando a grosso modo) a la hora de ejecutar esas tareas sin poder decidir por sí mismos como podrían llevarlas a cabo, suprimiendo la posibilidad de que detecten las múltiples variables contextuales y que condicionan potencialmente la acción que les hará apreciar la posibilidad de parar, procesar, reflexionar y ejecutar por ellos mismos. Damos por hecho que la realidad es igual o universal a cada futbolista e intentamos establecer pautas generalizadas para las diferentes y frecuentes problemáticas que surgen a la hora de plantear el juego, sin caer en la cuenta de que esta realidad es un convencimiento personal, propio y particular que según las posibilidades plenas de cada individuo, su sistema nervioso genera y moldea de acuerdo con sus percepciones. La interpretación libre de la realidad es muy subjetiva y en el fútbol, como en la vida, esa realidad pertenece a cada uno de manera distinta.

Queremos que el jugador piense, pero piensa por nosotros y no por él. El jugador no entiende del juego a la hora de jugar. Él se condiciona a sí mismo por su percepción de lo que el resto de jugadores están haciendo, tanto compañeros como rivales. El jugador se ofrece al juego por respuestas instintivas y familiaridades con otras situaciones que ya ha experimentado anteriormente. Lo que el jugador ha vivido y procesado como experiencia se autocorrecciona de manera inconsciente o se asimila de manera satisfactoria para volverla a llevar a cabo: experiencias, en eso se basan. Todas las pautas de actuación llevan una gran impregnación de marcadores situacionales que activan las decisiones del jugador, y que otorgan el instinto con tendencia natural necesario para actuar en el terreno de juego.

Creamos un contexto y lo intentamos dividir. Descuartizamos el escenario de juego visto por un futbolista dando por hecho que, al reducir el problema planteado en su mente dónde se demanda una respuesta rápida y fácil marcada por diferentes pretensiones, en pequeños problemas más sencillos, facilitamos la toma de decisión del jugador. Para evitar lo dicho anteriormente; se tiende a la automatización, eliminando la toma de decisión. No hay que evitar de manera exhaustiva los automatismos ni fomentarlos a toda costa. El juego se nutre de los automatismos adquiridos por la asimilación de un modelo o conductas de juego de un equipo. El automatismo también puede beneficiar al jugador por el extenso abanico de movimientos y situaciones ya vividas que lo ayudan a la hora de enfrentarse a otra parecida, pero también lo pueden hacer previsible dentro de la tónica de juego cuando el rival se ha adaptado a esos automatismos a consecuencia de la mecánica lineal del futbolista que los utiliza.

Lo que creo que hay que hacer es respetar la interacción entre los futbolistas, respetando también los automatismos naturales del juego y evitando los artificiales (siempre en demasía), dados por la táctica.

Y muy importante: NO SEPARAR las TAREAS ESPECÍFICAS “en o por” SITUACIONES DE JUEGO en nuestros entrenamientos, ya que todas las tareas son parte de una situación que no se puede desgranar en individualidad para el pleno funcionamiento de un equipo. Ya que toda situación en un campo de fútbol es una en sí misma aparte de única. Por tanto, ¿Quiénes los que más exprimen sus capacidades consiguiendo el rendimiento óptimo?, pues son aquellos futbolistas capaces de adaptar características de manera coordinada a las múltiples fuentes de información del entorno caótico, descontrolado e inestable.

Debemos dejar fluir el desequilibrio en puesto de lo preparado, un poco más. El talento de un jugador actúa fuera del contexto marcado por un entorno, eso es el fútbol. Se entrena jugando y jugando se entrena. Nada más.

JESUS MARTOS TORRALVO @jesuSmt92
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